Eran los finales de 1975. Esperaba ansioso la P.A.A. Por entonces quería estudiar Ingeniería, en realidad más era la elección "lógica" al momento de seguir una carrera en la Universidad. Estaba egresando de la especialidad de Electrónica de una Escuela de Enseñanza Media Técnico-Profesional, como se les decía entonces. Escuela que ya comenzaba a hundirse educacionalmente y a dejar de ser lo fue hasta 1972-73 más o menos.
Como todos rendí la P.A.A. y salí, como pocos, muy conforme de la experiencia dada la escasa, casi nula preparación que tuve por parte de la escuela y la propia.
Por esos entonces la prueba se rendía antes de terminar el 4º Medio, por tanto todos se presentaban, incluso quienes sabían que repetían el 4º. No estoy seguro pero parece que era gratuita y además se podían rendir todas las pruebas, no era necesario elegir solo algunas.
Con la Licencia de Enseñanza Media en mi poder, que me fue entregada en una ceremonia, esperaba los resultados de la P.A.A. Fue una ceremonia de las típicas, bien rasca en realidad, la de un colegio técnico donde estudiaban quienes después de egresar necesitaban tener algún conocimiento para comenzar a trabajar de inmediato, es decir, los muertos de hambre.
Aunque en realidad, mi no tan secreto deseo, había sido estudiar en un Liceo Científico-Humanista mis padres, tan empáticos conmigo, me llevaron a esta escuela, rendí su examen de admisión, me aceptaron y allí me quedé. Prueba de que mi inclinación iba por el lado de las letras o las artes (mi padre es músico y compositor) fue que durante los 4 años que estuve en esta escuela siempre inventé proyectos "humanista y artísticos" que llevé a cabo. Uno de ellos fue publicar un semanario escolar para el que me conseguí los permisos correspondientes de la dirección del establecimiento, el material, regalos, los repartidores, algunos colaboradores y el mimeógrafo de la escuela para imprimir los "stencils" que yo mismo tipeaba. Había solo una persona a la que no le gustaba la idea, no sé por qué razón, de esta "publicación", al inspector de patio, el pela'o Lucares. De quien siempre se rumoreaba mantenía un romance secreto con una de las secretarias "mejor cotizadas" del colegio. Me permito contar esto porque finalmente se comprobó el rumor del romance cuando el pela'o y la secretaria debieron asumir un evidente embarazo.
Simultáneamente a la enseñanza media estudiaba canto en el Conservatorio de Música, algunos ramos de composición musical en el Instituto de Música, escribía cortos cuentos y poesía, practicaba locución radial con un profesor de Enseñanza Básica que era además Locutor y Director de una Radio AM, jugaba en la selección de Volleyball de la escuela, practicaba piano en mi casa y le "pegaba" a la batería de mi hermano al ritmo de los discos en vinilo de Nino Bravo y The Isley Brothers.
Llegó la fecha en que se entregaron los puntajes de la Prueba de Aptitud Académica, creo que era enero. Los resultados que obtuve no eran puntajes nacionales pero si me aseguraban tranquilamente ingresar a Ingeniería en la Universidad que yo quisiera. Hice las 12 postulaciones que se permitía, las 4 primeras eran a Ingenierías y las siguientes opciones las dediqué a carreras del ámbito Humanista.
Todo en orden. Hecha la postulación quedaba terminar enero, disfrutar febrero y esperar marzo para comprar el diario, verificar el lugar en el que quedé y la fecha de las matrículas. Así de seguro era mi futuro y realmente tenía porque tener esa seguridad, mis puntajes fueron muy buenos.
Llegó marzo, compré la primera publicación que contenía a un tercio de las Universidades y sus seleccionados. Nada, no aparecía en ninguna lista. Al otro día, comprar el diario y revisar el segundo tercio de las Universidades y sus seleccionados. Nada, tampoco aparecía allí. Tercer día, tercer diario (periódico) con el último tercio de las Universidades con los últimos seleccionados. Nada, definitivamente no aparecía.
Me di la tarea de calcular mis puntajes a mano siguiendo las pautas entregadas para su cálculo manual y su verificación. En todas las carreras me alcanzaba el puntaje para quedar seleccionado. En la lista de Ingeniería quedaba mas o menos en el lugar 600 de un total de 1.200 seleccionados, pero no estaba mi nombre. Así en todos los listados de las carreras a las que había postulado.
Con estas cuentas sacadas me dirigí a las oficinas de la selección a pedir una copia de los resultados emitida por los mismos evaluadores de la prueba. Existía la posibilidad que los resultados de los puntajes impresos por el periódico estuvieran errados. Para mi alegría y tranquilidad eran exactamente los que yo tenía, los mismos que había publicado el diario.
Ahora me quedaba pedir una revisión a la luz de mis resultados y solicitar se hiciera "a mano" la selección para mi caso, se informara del error, cualquiera este fuera, a las Universidades, y concurrir a matricularme pronto, ya que los procesos de ingreso para todas las Universidades y carreras estaban en marcha.
Pasaban los días y no tenían respuestas. Hasta que finalmente alguien de buena voluntad de una oficina ubicada en calle Ejército Libertador me dice que "el sistema me rechaza y el no sabe por qué". Menos podía saberlo yo. En estos días ya casi terminaban en todas las Universidades con los últimos llamados de las listas de espera para llenar las últimas vacantes. Tanto insistí, que luego de días y semanas de espera, se dignó a atenderme el Jefe de Selección de la P.A.A. Le expliqué mi drama y de no muy buenas ganas, tal como me atendió, se dignó a buscar la causa de que "el sistema" rechazara mis postulaciones a pesar de tener muy buenos puntajes en la P.A.A. Hasta este momento yo asumía algún error en el proceso de selección, tal como tenía toda la impresión asumían en la misma oficina incluido el Jefe que ahora me atendía. Luego de comprobar mis puntajes y notas en los papeles oficiales que yo portaba, tomó nota de mis datos y me pidió que volviera al día siguiente. Cuando estuve en su oficina al otro día, ya me recibió mucho más relajado y distendido. Había encontrado el error y no era de responsabilidad de su oficina ¡Qué alegría! eso era lo más importante para él. Con el tono de quién descubre a un ladrón de manzanas, se dirigió a mí diciéndome: a usted es imposible que el sistema lo considere, usted es repitente de 4º Medio, usted debe repetir el último año de escuela y rendir su P.A.A. nuevamente (silencio). Perplejo ante tal revelación y ante la velada acusación insinuando que yo cometía una fechoría, le contesté: pero si yo tengo la Licencia Media aquí conmigo. No puede ser me respondió, a usted no pueden haberle entregado la licencia su colegio lo mandó repitente en las listas para el proceso de selección, por ello está usted fuera de este proceso. Abrí mi maletín, saqué la Licencia de Enseñanza Media y se la mostré. No dijo nada. Por unos minutos, la revisó hasta por el reverso donde estaba en blanco. Vi cómo nuevamente le cambiaba el rostro de inocente a presunto culpable. Se levantó de su asiento y llamó a un subalterno enérgicamente. Le pidió consiguiera las actas en papel que había enviado mi escuela con los postulantes a las universidades. Momentos tensos, a los pocos instantes aparecieron las actas, me buscó hasta que apareció mi nombre: usted es don xxxx, ok, veamos decía mientras revisaba una inmensa hoja que se parecía a los libros de contabilidad. De pronto levanta su cabeza y dice ¡aquí está! mientras giraba el libro para que yo pudiera leerlo: usted tiene un 3,9 como nota final en matemáticas y como usted es de escuela Técnico-Profesional, con rojo en matemáticas o física usted reprueba todo el año escolar, lo de la licencia no sé como usted se la consiguió. Ahora yo si estaba estupefacto, todo esto era una pesadilla y de las peores, me vi haciendo el 4º año nuevamente. Pero no podía ser, yo había aprobado matemáticas, yo sabía mis notas, era imposible. Le insistí pero su respuesta fue que debía buscar la raíz del error en mi colegio, específicamente con el coordinador del colegio ante la oficina de selección ¿Quién es pregunté? El inspector señor Lucares, me contestó.
Aun choqueado salí de las oficinas y me dirigí a mi colegio. En el trayecto iba odiando todo, a todos los imbéciles que me provocaban este grave problema sin merecerlo, tenía ira con todos los estúpidos ineptos y toda la bajeza de su espíritu.
Al llegar al frontis de mi ex colegio, el portero, conocido por su mal genio y escasez neuronal no me permitía el paso. En ese momento recordé lo que ocurrió mucho tiempo atrás con un compañero quien ante la misma actitud de este ridículo personaje optó por ofrecerle una golpiza lo que fue como si le hubiera ofrecido un millón de dólares, las puertas se le abrieron. No hice lo mismo pero si le demostré todo la ira que había acumulado hasta ese momento y las puertas también se abrieron suaves como telas de seda.
Venía el siguiente paso, encontrarme con el imbécil del pela'o Lucares y encararlo. Cuando lo encontré ocurrió lo previsto, con el ceño fruncido al más puro estilo Pinochet me dijo: no tengo tiempo venga otro día. A pesar de que yo continuaba intentando explicarle "mi problema". No se detuvo y lo seguí hasta la Inspectoría donde continúe encarándolo y a lo que él reaccionó escondiéndose, literalmente hablando, se fue a esconder a sus oficinas de donde no salía. Volví al pasillo y pedí me atendiera el director del colegio, quien se negó a través de su secretaria con un "No está en este momento ¿Para qué asunto seríííaaaa?" Tanto insistí yo en que alguien me escuchara, recorriendo pasillos y hablando con secretarias y profesores que me conocían hasta que un profesor del ramo de Historia escuchó lo que yo intentaba explicar a los demás. Me pidió datos y me contó que él era amigo del Jefe de la Oficina de Selección de donde yo venía recién llegando.
Este profesor de apellido Ramírez, si no me equivoco, nunca me hizo clases pero me ubicaba porque fui algo así como un alumno destacado durante los 4 años que estuve en el colegio. Me pidió que lo acompañara a las oficinas del director y lo esperase afuera, él no preguntó a la secretaria por el director, no tocó a su puerta, él entró. Escuché voces pero no logré entender lo que se hablaba. Al rato salió el profesor e hizo llamar al pela'o Lucares quien se asustó al llegar y verme sentado fuera de las oficinas del director. Ahora si que la conversación fue a gritos. Luego de unos 20 minutos el pela'o Lucares salió y dijo hacia la oficina: "entonces mañana le tengo un certificado" y desde dentro escuché la respuesta del profesor "no ahora la hace porque yo acompañaré a este alumno a entregarla esta tarde". Luego salió el director, me saludó y no recuerdo exactamente lo que me dijo, pero básicamente me explicó que el pela'o se equivocó justo conmigo y copió la nota de matemática de otro alumno que estaba repitente como si fuese la mía y así mandó la información para la selección de alumnos a las universidades, nada que me contentara obviamente, sobretodo si termina diciendo "estas cosas pasan". Seguidamente el profesor Ramírez me pidió lo esperase afuera para ir juntos a entregar este documento.
Pasaron una tres o cuatro horas desde que yo había llegado al colegio cuando salíamos rumbo a la Oficina de Selección de alumnos para las Universidades Chilenas, eran alrededor de las 4 de la tarde. Llegamos a la calle Ejército Libertador cerca de las 5 de la tarde y el Jefe de la oficina nos estaba esperando. De inmediato hicieron todo el procedimiento del cálculo de mi puntaje de postulación para todas las carreras en que yo me había inscrito comprobando que mis puntajes y notas me aseguraban la entrada a casi cualquier carrera universitaria. Una a una las oficinas de matrícula de cada una de las Universidades escogidas por mí fueron informadas de mi situación y del nuevo cálculo que habían hecho en mi caso, pero una a una las respuestas fueron de que los procesos de matrícula ya estaban cerrados y no existía posibilidad alguna que yo ingresara a la carrera seleccionada, a pesar de tener el puntaje solicitado, situación en la que las Universidades se lavaban las manos. Hasta que se intentó con a la cuarta postulación de mis preferencias, la Universidad Técnica Federico Santa María de Valparaíso, que por estar fuera de Santiago se consultaba al final. Allí si aceptaban que me matriculara, pero hacían notar que ellos ya tenían 3 semanas de clases y si me incorporaba, ingresaba con todo ese tiempo perdido en contra. Quienes conocen la UTFSM saben que eso era y es igual que saltar al vacío sin paracaídas. Yo salté al vacío, me fui a Valparaíso y probé suerte.
¡3 semanas de clases! 3 semanas, eso me había demorado en encontrar dónde estaba el error que tanto y tan gratuitamente me había perjudicado. Tuve la intención de ir al colegio y con mis puños pegarle al pela'o Lucares, como antes le había ocurrido a manos de otros alumnos a los que persiguió hasta que los destruyó, pero yo no podía y aun no podría… creo… aunque si lo pienso bien…
El cómo me fue en la UTFSM será motivo de otra historia.
Año 1976, abril.
¿Cuántos pela'os Lucares aun existen en todos los niveles de la "educación a la chilena"? Soberanos ineptos, incultos y de una bajeza humana insoportable. Yo no sé, pero espero que sean muy pocos.
¿Cuántas veces algún alumno debió sufrir y sufre por estos "errores"?
Estudiantes de Enseñana Media les digo, ánimo muchachos que por la inteligencia y cordura que ustedes demuestran no les ganarán jamás. Es realmente una alegría saber que a los nuevos modelos de chilenos la providencia divina les incorporó un cerebro.
Nota: El hecho es totalmente verídico, las fechas corresponden a las reales, el apellido del inspector-coordinador señor Lucares (pela'o Lucares) es exacto. El colegio existe en la misma ubicación de esos años. Yo sufrí esta história y estoy vivo solo para contarla y perseguir a los culpables
Etiquetas: There was once...
1 Junio, 2006 a las 5:08 am
El pela\’o Lucares…
Narro una situación que viví siendo estudiante de 4º año de Enseñanza Media. Intenté escribirla en estilo de cuento, si no me resultó, lo siento.
Es verídica y se presta para alguna reflexión sobre quienes son los que, tan ufánamente, llev…
1 Junio, 2006 a las 4:16 pm
¡…que ganas de aforrarle al pelao Lucares!